Documentación indocumentada: Test de Bechdel.

¿Recuerdas algo del post anterior sobre el test de Bechdel?  Es una especie de baremo para saber si tu novela, guión, juego, tiene presencia femenina.

Alison Bechdel es quien le da nombre, pero ella atribuye el precedente a un ensayo muy anterior. También está registrada en una tira cómica donde una personaje declara que no verá ninguna película que salte estos criterios.

1. Aparecen, al menos, dos personajes femeninos con nombre y apellido.

2. Que mantienen una conversación.

3. Que no tiene como tema un hombre, tampoco de forma fraternal (por ejemplo, dos mujeres hablando de sus hijos).

Sin nada más que añadir, prosigamos con las novelas que he escrito para saber si cumplen estas reglas.

Toro es la primera novela de la saga Mundo Mrcedes, escrita en 2015. Solo hay dos protagonistas principales, uno masculino y uno femenino. Trata sobre un perro alquimista que se encuentra con una cachorrita raptada por razones desconocidas y decide devolverla a casa, al otro lado del país. No hay más personajes principales. No puede cumplir el test de Bechdel.

La ciencia del arte es la continuidad de Mundo Mrcedes, del 2016. No tiene que ver con Toro porque esta saga se caracteriza por transcurrir en el mismo mundo, pero cambiando los personajes. Esta es una especie de novela río fantástica. Trata sobre una mafia que busca artistas porque tienen un poder muy extraño: sus obras se convierten en portales cuando estos mueren. Uno de los protagonistas es una artista a la que quieren matar para poder usar sus pinturas como portales dimensionales. Por esto, hay conversaciones entre personajes femeninos reconocibles y ninguna trata sobre hombres, solo algunas referencias a secundarios fallecidos, artistas asesinados. ¡Cumple! Es una alegría, porque desde 2014 no pasaba.

Perros en el tintero, mi segunda novela publicada, tiene muchas conversaciones entre las dos protagonistas, y muy pocas sobre hombres. ¡Empiezo una racha de aprobados! Una mujer adopta a una adolescente, pero al ver a su “nueva madre” no entiende por qué la han adoptado. La trama se basa en esta cuestión y en las historias de perros, ya que esta chica se ve, de repente, en una guardería canina familiar.

Mi yo psicótico en un tranquilo e idílico miércoles es una novela muy difícil de explicar. Digamos que no he dejado que nadie la lea porque es políticamente incorrecta en tantos niveles que es ofensiva en cualquier época, pero me lo pasé genial escribiéndola en el 2017. La protagonista es una mujer fumadora en paro que domina el sistema legal. Tiene dos amigas, una farmacéutica gerontófila con un laboratorio de, ya imaginas, en el sótano de la farmacia y una mujer trans muy trabajadora que intenta levantar una cafetería. A parte de la farmacéutica, y no siempre, las conversaciones son de lo menos ortodoxas posibles sobre temas tabú en la sociedad. Cumple, con diferencia, todos los puntos de Bechdel.

Y acabamos este post con mi décima novela: Glutenaicos, la cuarta entrega de Mrcedes. Vuelve a ser de intriga, aventura fantástica y río, con cuatro tramas al mismo tiempo, una de ellas como protagonista femenina, una espiritista que odia serlo. Han asesinado a su sobrino con “nada”, y él se persona ante ella para ¿saber quién lo mató? Pues no, no es su prioridad. Es un celoso de manual y quiere evitar que su novia rehaga su vida. Puede “volver a la vida” de una forma poco ortodoxa y su tía lo intentará evitar a toda costa mientras se investiga el asesinato de forma paralela. Las conversaciones con otras personajes importantes, a parte de traductora del fallecido, tratan sobre otros temas para hacer avanzar la trama. Esta novela también aprueba.

¿Te preguntas cuántas novelas terminadas quedan por evaluar? Pues aún queda un buen rato.

Por algo soy escritora.

Hola, Jefa #24

Hola, jefa.

Hoy me siento… como… ¿madera de balsa?

No sé. A lo mejor me comprendes si te cuento la historia.

Fui a una tienda de juegos de mesa. Vi un flamenco de lego para montar de setecientas noventa piezas y sabes de sobra que es la venganza perfecta para una amiga. Con eso en la mano vi cajitas de música para montar en otra estantería. Me pegué bastante tiempo mirando hasta decidirme por un barquito con un gato. Hacía años que no montaba nada.

Había cosas más complejas, como un carrusel o un tren. No sé qué me empujó a esa decisión.

La llevé al campo y estuve dos días ensamblando las piezas de madera pintada. Es bastante cuco.

Le di a la llave para escuchar la canción. No sabía cuál era y sigo sin saberlo, la verdad. Al escucharla la sensación fue rara, como beber un té caliente con pajita de plástico mientras se deshace por el calor.

Con los perros por ahí danzando, el cielo nublado de otoño y temperatura de primavera, escuché la canción decenas de veces, pensando que eso, probablemente, podía ser la televisión o la radio del pasado. Así de boba soy.

Desfilaron por mi mente varias imágenes de cajitas de música, mucho más dignas que esta, con su simbología típica de infancia, misterio, pistas para descubrir un tesoro, de herencia de madre a hija… Cosas del estilo.

Me encontré llorando sin entender por qué. Cuando no entiendo algo, sabes cómo soy. Busco cosas. Buceé en mi mente sin encontrar nada que rescatar del fondo y, porque patata, me puse a escribirte una carta, esta carta, para contarte lo desconcertada que estaba. Fue entonces cuando un flash iluminó la noche de Pueyo.

Un caballo con la pata rota.

Un oso de peluche montado en él.

Encerrados en una cajita con un carrusel de fondo.

Abajo había un cajón.

Dejé el ordenador de inmediato para escuchar de nuevo la música del gatito pescando sobre el barco de madera y lo pude ver… Era otra caja de música muy distinta, de más de treinta años.

Tuve la imperiosa necesidad de volver a la ciudad, sabiendo que había guardado esa cajita de música que me regalaste. La única que he tenido en mi vida. Sé que está en lo más hondo del altillo del armario, con un acordeón tamaño niña de cinco años y un peluche de un husky. Esas tres cosas están ahí, sin haber sido pasto del “debo hacer espacio y esto no lo necesito”. ¡Creo!

Cuando vuelva, antes de vaciar el carro, antes de cambiarme de ropa, antes de soltar a los perros, antes de ir al baño, antes de cerrar la puerta de la entrada, correré al armario para ver si esa caja aún está ahí, ver si todavía funciona y asegurarme de que, en verdad, es la misma canción. Si no, tendré que seguir escavando en el subconsciente y saber por qué una estúpida cajita de música me ha hecho llorar, cuando ni cortándome con la motosierra lo he hecho.

Documentación indocumentada: Test de Bechdel.

Me gusta pokémon. Sí, ese juego de bichos raros donde un crío de diez años hace pelear con otros. Eso sería una descripción bastante objetiva, pero me he desenganchado de los juegos oficiales. Siento que infravaloran al jugador, pero hay mucha gente creando juegos alternativos. Fangames. Me gusta ver vídeos de estas personas creando sus juegos. Me gustaría crear uno en el futuro.

Algo curioso de esta comunidad de creadores es el cuidado del guión. No te lo esperarías de un juego de peleas de monstruos, ¿verdad? ErikLostie, un creador que critica juegos de otros, comentó en un vídeo algo muy curioso: el test de Bechdel. Con él puedes saber si hay una correcta presencia femenina en la historia o no.

Es un cuestionario muy sencillo. Solo tiene tres puntos. Son los siguientes.

1. Aparecen, al menos, dos personajes femeninos con nombre y apellido.

2. Que mantienen una conversación.

3. Que no tiene como tema un hombre, tampoco de forma fraternal.

Tras mencionar estas normas, él mismo admitió que en su primer juego, tal vez también en el segundo, no cumplió estas directrices. Al darse cuenta, cambió su forma de escribir los diálogos y puso más cuidado en los protagonistas.

Yo misma me estaba preguntando si yo caía también fuera de ese test y empecé a repasar mis novelas. Soy una escritora que suele usar protagonistas masculinos porque patata y me ha dado curiosidad saber si en toda mi vida he cumplido con estas directrices feministas. He acabado muchas novelas a lo largo de los años. Será largo si os lo muestro, pero creo que es interesante. ¿Vamos allá?

Mi primera novela, en el 2006, es una basura. Solo diré que no lo cumple. Pasaremos un tupido velo.

La segunda, de 2008, Las historias de che, de elegir tu propia historia, solo tiene un protagonista; tú. Tampoco cumple nada.

La tercera, La serpiente de hielo, es un cuento. Solo tiene cinco personajes, tres protagonistas, uno de ellos una rata. Tampoco cumple.

Para qué titular errores es una novela corta policiaca cómica, al estilo Mortadelo y Filemón. La protagonista es una mujer y hay otro personaje femenino secundario importante. Por desgracia, sus conversaciones se centran sobre todo en echar pestes al jefe, un hombre. Si fuera por eso, me saltaría el test, pero también conversan con otra mujer sobre otros aspectos, mayormente cómicos. ¿Podemos decir que cumple? Sería la primera, en el 2014.

La siguiente se llama La sombra del nogal, de 2015, mi primera novela publicada. Es algo rara y muy dura. Rompo la primera norma de “no hacer daño al perro”. No suele tener buena recepción. La protagonista es una mujer, pero es víctima del comienzo de una guerra y solo está rodeada de hombres. No conversa sobre ellos, sino con ellos. De todos modos, no cumple.

Solo una de mis cinco primeras novelas cumple el test de Bechdel. ¡Qué curioso! Y eso que soy una mujer. En el próximo post de documentación indocumentada seguiré evaluando esto como curiosidad con las siguientes novelas. ¿Tienes ganas de ver si hay evolución?

¡Nos vemos en el siguiente!

Hola, Jefa #23

Hola, jefa.

A la hora de escribir esta carta es la una de la mañana. Probablemente acabe a las dos y no dejo de pensar, a parte de cómo casar todas las piezas de la novela que estoy planificando, en lo enfadada que estarías en este momento. Recuerdo las noches en vela frente al portátil tapada con la manta, tecleando muy despacito para no desvelarte, fingiendo dormir si te levantabas a comer algo a la cocina.

Sigo sin poder evitarlo. No puedo detener a mi mente cuando está como una pelota de tenis hasta arriba de cafeína. No te imaginas la de mensajes que tengo en mi grupo de whatsApp para mí misma con notas y chorradas varias que probablemente termine descartando pero fueron buen idea en su tiempo.

También recuerdo el contrapunto, tu orgullo cuando quedaba finalista en los concursos de escritura y me proponían publicar mis trabajos por crowfunding. Te lo traduciré; como salió Perros en el tintero, con la preventa de unos cuantos ejemplares. Siento decirte que la mayoría de esos concursos son para captar a tristes almas en pena que escriben como yo y sueñan con que una sola persona los lea. Espero, algún día, ser finalista porque realmente mi pasión vale la pena. Hasta entonces, seguiré escribiendo tonterías cuando lo necesite, sean a las dos de la mañana o en el autobús al ir a trabajar, en el móvil mientras paseo a los perros o en audios repentinos mientras estoy cocinando.

Hoy me iré a dormir con la sensación de tenerte cerca, y no para echarme la bronca por tener la luz encendida desvelando a los vecinos, sino a esa forma tuya de hablar sobre mis publicaciones, con todo ese amor, a pesar de no haber leído ninguna de mis novelas, apoyándome incondicionalmente, incluso regalándome mi portátil, imprescindible en mi vida. Pocos me comprendieron como tú, a pesar de no encontrar el sentido a algo que me roba los años de esta forma tan enfermiza solo porque es divertido, porque me gustan las historias.

Jefa, no podrían existir sin ti, por eso leo en alto de vez en cuando, por si realmente aún te pasas por aquí a las noches para recordarme que debo ir a trabajar a las seis de la mañana.

Me quedan cuatro horas. Espero que puedas comprender que, al final, solo dormiré dos.

Documentación indocumentada: Desierto acumilativo.

Si has venido a aprender, probablemente estés en el sitio equivocado, porque mi forma de investigar algunas cosas es diametralmente opuesta a lo que hace la mayoría de la gente. Primero tengo la idea y después busco sobre ella. Para ciertas cosas ni siquiera busco la realidad, sino algo que encaje con lo que me interesa.

Este es el caso de los desiertos acumulativos. La idea se me ocurrió en verano. Estaba en el campo. Tras un día a cuarenta grados, la noche no dio tregua. Estuve a esto de dormir en una colchoneta en la piscina. Mirando al pasado, debería haberlo hecho. ¡En fin! Mi mente pensó en un mundo de creación propia: Mundo Mrcedes. Para quien no lo conoce, lo resumiré: es un cajón de sastre. Meto ahí todas las incoherencias que me hacen gracia, como los bosques de cristal, los biomedios capicúa, continentes extraterrestres, el mar vertical y, ahora, los desiertos acumulativos.

¿Qué pasaría si el calor fuera acumulativo? Si no refrescara nunca por las noches, ¿qué temperatura alcanzaría un lugar? Debería ser un desierto. ¿Esto puede pasar en la vida real?

Estas paranoias no me las callé. Las pasé a un grupo de amigas que ya no se sorprenden de estas preguntas extrañas y me mandaron un artículo sobre muertes en Estados Juntitos. Las temperaturas mínimas nocturnas se mantenían muy altas por un domo[1]. Nuevamente, la realidad superaba a la imaginación.

Lógicamente, un artículo así termina siendo una apología sobre el cambio climático. Pasaré de ese punto de vista, ya que nuestro mundo está muerto. Para cuando de verdad hagamos algo estaremos frente a un zombi sin raciocinio[2].

Dejando de lado el futuro apocalíptico, encontré algo distinto a lo que había pensado sobre el aumento de las temperaturas nocturnas. Al parecer, según un estudio de gente que no conozco, las temperaturas estaban relacionadas con la humedad y las nubes. ¿Eso significaba que no podía darse en los desiertos? De pequeña, un profesor me contó el frío inmenso de los desiertos por la noche, un recuerdo rescatado de algún fichero oxidado de mi memoria. Entonces… ¿Qué sentido tiene todo?

Las nubes crean un manta que no deja pasar al otro lado el calor, creando una especie de “balsa” por debajo. ¿Sabes el gustito de tener una nube entre tú y el sol al medio día en verano? Eso, pero al contrario. No deja huir al calor hacia fuera, sino que se transforma en una lavadora infernal y, como a los lados tengas territorios igual o más calientes, ni el aire te puede salvar.

Donde hay más nubes, la temperatura nocturna aumenta más rápido que la diurna. Los desiertos no tienen esa manta. Por el día hace mucho calor, pero por la noche refrescan más rápido.

¿Sabes qué? En mundo Mrcedes seguirán siendo desiertos acumulativos, pero algo inventaré.

Por algo soy escritora.


[1] Para mí, hasta la fecha, un domo era un fósil que te dan en pokémon rojo y azul.

[2] Valoramos más la comodidad que el bien o el mal. Queramos o no, es así.