PARA QUÉ TITULAR ERRORES, CAPÍTULO 3

3 Cargando

–Adela.

–¡Ya voy! Un momentito, ya sé que es de cargado rápido. Pero yo no puedo hacer nada para… ¡Ah! Hola, Ainara.

–Hola –dije entre risas, ya que Adela había aprendido a hablar muy deprisa desde que entró aquí.

–Perdona, es que aquí a una le crispan los nervios –dijo acomodándose las finas gafas.

–Sí, lo sé. No puedo entender por qué lo aguantas.

–Porque necesito el dinero. ¡No te fastidia! En cuanto vea otro trabajo dejo éste.

–Ya.

–¡En qué hora me puso mi madre Adela! De que encuentre otra cosa me cambio de nombre.

–Oye, me llevo la birria ésa. Pásamela que he quedado con Román dentro de un cuarto de hora.

–¿Trabajáis juntos?

–Solo para esta misión, parece ser.

Adela me dedicó una mirada confusa. La verdad es que yo también lo estaba: –¿Quién se encarga entonces de los objetos perdidos, de los retratos y de…?

Me encogí de hombros: –Ni idea.

La secretaria me tendió el GPS: –Suerte, la necesitarás.

–Lo mismo te digo Adela.

–¿Para soportar al jefe?

–No, para manejar los objetos perdidos, los retratos robot…

–¿Qué? ¿Cómo dices?

Y me fui sonriendo de forma zorruna sin aclararle que era una broma.

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