PARA QUÉ TITULAR ERRORES, CAPÍTULO 8.

8 La hora de la salida

Llegamos ante sorpresa de Adela, que ya empezaba a recoger sus cosas.

  –¿Qué hacéis aquí? –preguntó arqueando una ceja.

  –¿Qué haces recogiendo media hora antes de salir? –contraatacó Román– Creía que era yo el profesional.

  –Es solo supervivencia, para salir puntual. A esta hora es cuando más cabreado está, por el “cansancio acumulado de todo el día” y quien se lleva todos los palos soy yo. Imaginaos: estoy recogiendo mis cosas a la hora y al jefe se le ocurre hacer un formulario y me pilla aquí poco después de la hora de salida. Un minuto tan solo. ¿Qué ocurre? Que me tengo que quedar un cuarto de hora más para hacer el formulario. ¡Qué gracia!

  –Sí, muy gracioso –Román parecía reacio a seguir con el tema–. ¿Está ocupado ahora?

  –Está ocupado siempre –bromeó Adela–. No os ha ido bien, ¿verdad?

  –No –Contesté–. Mientras Román le perseguía, Mario se quitó la chupa y era justo donde había colocado yo el chip, así que lo hemos perdido.

  –Que no os pase nada.

Un agente pasó con un perro de los que se entrenaban en la organización y se sentó al lado de Román y empezó a ladrar.

Román y Felipe compartieron una mirada de circunstancias.

Felipe simplemente dijo: –Es uno de los perros de Noa.

Román se quedó más tenso de lo que estaba y Adela puso la alarma. De hecho puso ESA alarma.

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