PARA QUÉ TITULAR ERRORES, CAPÍTULO 16.

16 Mañana libre

Al día siguiente me desperté por el sonido del teléfono. Fui a la cocina a cogerlo y antes de poder atraparlo vi que Adela había dejado un mensaje. No volvería ese día porque estaba en el hospital. Tras leerlo, descolgué el teléfono: –¿Sí?

  –Hola Ainara, soy yo, Román. ¿Estás ocupada?

  –No, recién levantada.

  –Te he llamado por si querías tomar algo antes de entrar a trabajar. Si no te importa.

Creo que empezaba a coger mucha confianza con este tipo. No era de extrañar, me caía fenomenal: –Bien, cuando quieras.

  –Pasaré a recogerte, ¿te parece?

  –No te preocupes. Dime dónde y yo voy.

  –Amiga, mientras yo sea tu compañero de fatigas no permitiré que gastes ni un céntimo en autobuses si yo puedo remediarlo.

Me caía genial, ya te digo. Demasiado bien…

Al fin me convenció para invitarme a comer en vez de ir a tomar algo. El resto de la mañana me la pegué en casa, haciendo alguna que otra cosilla.

Vino casi al medio día con una ropa muy parecida a la del día anterior. No podía ser la misma porque los dos estábamos de polvo y tierra hasta arriba. Yo tuve que tirar mis pantalones sin ir más lejos.

Pensaba que iríamos a comer a cualquier hamburguesería o cualquier plato del día… ¡Pero a un restaurante de punta en blanco ni me lo imaginaba! Era surrealista verme entrar con las botas de monte raídas de siempre, con una camiseta corriente y moliente y unos vaqueros de mercadillo en medio de esmóquines y vestidos de lujo.

De primero pedí algo que ni me acuerdo cómo se llamaba, pero el resultado fue una simple ensalada. De segundo, algo así como delicias de pollo con jugos de “nosequé leches”, lo que resultó ser muslos de pollo en su salsa y el postre es que es mejor no nombrarlo porque no sabría ni leerlo. Yo sé hablar español, no una mezcla de francés, chino, japonés y alemán.

Todo delicioso, sí. Pero tardaban más en sacar un maldito plato…

Resumiendo, que salí con hambre y, además, Román no me dejó pagar, de hecho no me dejó ni mirar la cuenta. Sería para que no quedara traumatizada por el resto de mi vida. Seguro, porque vi un billete de los gordos salir de su cartera, de los verdes.

¿Qué? ¿Qué hay más gordos? ¡Madre mía!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s