PARA QUÉ TITULAR ERRORES, CAPÍTULO 19.

19 Noa

El agente Ainoa… Sí, sí… Ainoa. Lo he dicho bien. ¡Que sí, que EL agente! Ainoa tuvo unos padres un poco raros… Ambos tenían tantas ganas de tener una hija que el que les saliera hijo fue toda una consternación… así que los médicos no consiguieron cambiarles de idea de desistir al nombre que habían planificado durante nueve meses y varios años de convivencia. Él tampoco era muy común, la verdad. Ainoa se quedó huérfano de madre a los meses de nacer, y de padre a los tres años. Fue criado en un centro de menores. En concreto con el perro del centro. Dormía con él en la caseta porque no se fiaba ni de los demás niños ni de los cuidadores. Y de eso es el encargado aquí; del adiestramiento de los perros. Cuando me acerqué a él movió las aletas de la nariz como si olfateara el aire (ignoro si de verdad le servía para algo) y enseguida me saludó con una sonrisa discreta. No hablaba mucho, pero era buena gente. Tal vez demasiado inocentón. Se describía a sí mismo como un mastín… Y yo no tenía ni idea de cómo era un mastín. Aparte de grande… y Noa no era muy grande: –¿Qué tal Noa? ¿Qué haces?

  –Estoy con la propedéutica de Dartacán.

  –Ah… Claro, claro.

Me miró: –¿Aburrida?

Miré al perro: –No, la verdad es que no. He hecho un retrato. ¡Y por fin he estado en mi cuarto de objetos perdidos! –me estiré poniendo mis manos en la nuca– Nunca pensé que lo echaría tanto de menos. He salido a estirar las piernas. El jefe volverá en un rato y…

  –¡Ainara!

Noa hizo un gesto con la comisura de los labios que yo ya reconocía  como un gesto de desagrado y me giré para ver a Román: –Hola, Román. ¿Qué haces aquí?

  –He pensado que podríamos darle a un perro algo que huela a Mario para…

  –No –Noa fue tajante con eso.

  –¿Por qué no?

  –Debería salir con vosotros y no puedo.

  –¡Están entrenados! Podemos hacerlo igual que tú.

Noa cerró un poco los ojos y terminó por apartar la mirada.

  –Bien, entonces déjanos un perro de búsqueda de los tuyos y buscaremos a Mario. ¡Seguro que así lo encontramos!

Noa mantenía la mirada enterrada en el suelo mientras iba a las perreras seguido de Dartacán.

  –Tal vez tendríamos que escucharle.

Román se encogió de hombros: –No habla. Contesta con monosílabos siempre. Creo que su repertorio es “sí”, “no” y “guau”.

Román rió sonoramente. Yo también lo hubiera hecho, pero en este caso no podía hacerlo. Noa siempre había congeniado conmigo y reírme en ese momento tal vez le hubiera dolido. Román pareció entenderlo y se aclaró la garganta. En ese momento aparecieron un par de perros. Uno negro y un pastor alemán.

Noa los presentó. Eran los que tenía para búsqueda de personas.

Román se decidió pronto por el negro y Noa suspiró con cansancio: –¡Vamos! Tenemos algunas cosas de Mario. ¡Es nuestra mejor pista!

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