CHE ESCRITOR 7.

Che escritor 7

  -¡Charly, Charly, Charly, Charly! Toma.-.

Charly no tuvo tiempo ni de reaccionar y encontró un folio encima de sus patatas fritas: -Estoy comiendo Che.-.

  -¡Es sólo un resumen de mi próximo éxito!-.

Charly quería acabar con eso rápidamente, así que leyó a toda velocidad, pero se atragantó: -No entiendo qué tiene que ver un elefante y una margarita.-.

  -¡No es una margarita! –Claudicó Che enfurruñado- Pone MARIQUITA. La historia va de un elefante que…-.

  -Sí, ya lo he leído, que se quiere hacer una liposucción.-.

  -Eso es. Entonces habla con su amiga la mariquita mafiosa para que le ayude a perder kilos. La mariquita mafiosa lo lleva entonces a un taller ilegal en el desierto del Tanganika –Charly se tapó la cara ante lo evidente; que Tanganika no era un desierto. Al resto de tonterías ya estaba acostumbrado-. En ese taller ilegal de zapatillas para ciempiés, el elefante se hace experto en atar cordones, entonces, sin darse cuenta, le ata las antenas a la mariquita mafiosa y se vuelve loca.

Va hacia el cuartel de policía de los leopardos y les dice que ha descubierto un taller ilegal. Y dice también que el jefe es el elefante.-.

  -Tampoco estaba tan loca.-.

  -¿Cómo que no? ¡Se fue volando a ver a la policía!-.

Charly, con gesto cansino, agregó: -Las mariquitas tienen alas.-.

  -Pero son como los pingüinos. No saben volar. Bueno, pues cuando los leopardos se van a por el elefante, la mariquita mafiosa abre todas las celdas y todos los presos se escaparon, pero uno de ellos antes de irse se come a la mariquita porque tenía hambre.-.

  -¿Un camaleón?-.

  -No, una hormiga, pero la mariquita alcanza su cerebro y ésta también se vuelve loca. Corre hacia el hormiguero y organiza una marabunta que devasta todo el desierto y finalmente destruyen el mundo. La moraleja es que no es sano volverse loco.-.

  -¿Te cojo cita en el veterinario?-.

  -¿A mí? ¿Por qué?-.

  -Porque, según tu moraleja, estás terriblemente enfermo.-.

Che evitó la pataleta y se fue a comer. Tal vez estaba un poco loco. Pero ¿Quién no lo estaba? La imaginación necesita de la locura. La locura necesita de Che. Y Che… puede que necesite un veterinario al fin y al cabo.

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