PARA QUÉ TITULAR ERRORES, CAPÍTULO 28.

28 Robo

Mientras caía por las escaleras me quité el cristal del costado y oí disparos a mi izquierd… ¿O era derecha? Disculpadme, rodando y sangrando escaleras abajo, medio mareada por un intenso dolor y perdiendo el conocimiento tal vez por última vez antes de entregarme a un posible infinito era complicado orientarse. Lo certero era que esos disparos no me buscaban a mí, sino a Ángela a la que Román debió de ver.

Cuando por fin las escaleras terminaron y mi cuerpo quedó tendido sobre el frío suelo metálico comprobé que no tenía fuerzas ni para mover los brazos y taparme la herida que me humedecía muchas más partes de mi cuerpo de las que me hubieran gustado.

Noté a Román pasando por encima de mí. Se agachó a mi lado y cogió algo de mi chaqueta. No tuve fuerzas para girarme y ver qué se llevaba. Las imágenes se hacían difusas y blanquecinas a cada segundo que se escapaba pero era, sin duda, una pequeña pajarita de papel rancio que fácilmente podía tener manchas de sangre…

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