LA MONEDA, capítulo 8.

LA MONEDA, CAPÍTULO 8.

–¿Por qué no está el informe de Alexandra?

Nancy miraba a los críos al otro lado de la verja. De vez en cuando saludaba alguno y le hacía algunos gestos cómicos. Parecía ignorarme premeditadamente.

–¿Tú lo sabes?

Como no recibí respuesta esperé un poco a que se despidiera de los críos.

Miré a todos esos niños. Las verjas no eran necesarias. Sin teléfono móvil no podían hacer nada, no podían comprar nada. Y la única forma de que tuvieran uno era que alguien se lo comprara. Eso pasaba cuando eras mayor de edad, a menos que tuvieras padres y les comieras la cabeza. Nosotros no tuvimos uno propio hasta salir del orfanato. Era curioso… prácticamente estabas obligado a tener uno. Saqué el mío del bolsillo. Servía para todo. Era hasta mi carné de identidad. En él estaba toda mi vida registrada de palmo a palmo.

Había oído hablar de personas que no tenían uno. ¿Cómo vivirían?

–¿Decías algo?

Por fin Nancy me prestaba atención. Los niños ya no estaban cerca.

–¿Por qué no está el expediente de Alexandra? –dije, evitando preguntar por qué aún usaban ficheros mecanografiados en lugar de digitales.

–Bueno… Laila me dijo alguna vez que seguramente faltaría un expediente. Como trabaja en administración de fincas ella supuso algo.

Era la pescadilla que se mordía la cola. Tenía que hablar con Laila, pero Milos nunca me lo permitiría. Bajé la vista, desilusionado.

Entonces vi algo en su piel. En su pierna derecha. Algo que me resultó muy familiar. El problema era que lo tenía ella.

–¿Qué es ese tatuaje, Nancy?

–Pues es un perro que…

–¡No! –y se lo señalé. El punto exacto.

–¡Ah! Pues la moneda, obviamente.

Y se remangó un poco los leggins negros y fucsias para que se viera mejor.

–¿Qué moneda?

–Mi moneda. La llevo siempre encima. Mira.

Entonces se sacó del cuello una cadena fina y hermosa. Nunca había sido consciente de ella, ya que llevaba más adornos mucho más bastos. En aquella cadena fina apareció una moneda con un agujero en el centro y estaba el número veinticinco.

–El tatuador me dijo que podía hacerla mejor, pero yo quería exactamente esta moneda.

Un escalofrío me recorrió el cuerpo.

–¿Te pasa algo, Andrei?

–No, es solo que tengo frío.

–Llevas fular.

–¡Es un buff! –dije recolocándomelo– ¿Nadie sabe qué es un buff?

–He visto gorras buff. Es solo una marca. Eso es una pasmina de toda la vida.

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