Hola, jefa.

Hola, jefa.

Hoy, la verdad, es que me siento algo sentimental. No suelo escribir así, lo sabes, aunque apenas leías mis historias. A pesar de eso, sabías lo importante para mí, ver las letras negras aparecer en la pantalla del ordenador. Ese mundo extraño a los demás, familiar para mí. Abstraerme en unos bits, representantes de mi mundo interior, iceberg del cuerpo, destinado a desaparecer en una falta de energía eléctrica, a merced del momento en que el Sol muera.

Todo acabará, cierto día.

Te perdí hace ya más de dos años y medio. El tiempo se hace extraño cuando le das una duración tan exacta.  Hace casi tres años…

La verdad, se me hace algo extraño escribirle cartas a una muerta. Suena bruto, brusco, pero es así. Puedo escribir sobre esto, fundiéndolo en ficción. ¿Te apetece ser la destinataria, una vez más, de esta narradora?

No tenerte cerca para que veas con resignación y orgullo que nuevamente he escrito algo, se hace muy duro muchas veces.

Recuerdo el día. Ese día me sentí drásticamente adulta, pero no adulta de sentido infantil de la palabra, como hablan los niños:

Pues yo quiero ser grande y poder hacer entrevistas para un trabajo que no quiero, y para hacer la declaración de Hacienda, y pedir un crédito para comprar la play cinco, y tener un perro que llene la casa de pelos al que tenga que sacar a las doce de la noche, al llegar de trabajar mientras llueve de noche, y…

No.

Ese tipo de adultez, no.

Es… una sensación de soledad que casi resulta poética. Un “yo contra todo”, “yo para todo”. Corazón en vilo siempre, inseguro, con la sensación de estar haciendo algo mal, continuamente. Estás sin malla de seguridad ahí abajo, sin el apoyo incondicional de tener a alguien real para agarrarte. Por primera vez es tu lucha, única, agotadora, para siempre, hasta el final.

Abrazas esa soledad con resignación de una forma curiosa. No quieres hacerlo, porque te ha robado el motor de tu vida, pero no tienes nada más a lo que apegarte. Es muy difícil explicar ese sentimiento, para quien no lo haya vivido.

Hinchas el pecho, y haces que lo tienes todo controlado. Debes creerlo. Debes hacerlo.

Así lo hiciste tú, cuando te tocó perderlo todo.

Yo no puedo ser menos, ¿verdad, jefa?

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s