Hola, jefa. #4

Hola, Jefa.

Hoy ha sido un día emocionante.

Tenía muchas ganas de llegar al campo con los perros. Han pasado muchos días desde que no los veo. O mejor dicho, el tiempo se me ha hecho eterno.

La carretera estaba completamente vacía. Nadie iba ni venía, y una idea temeraria pasó por mi cabeza. Dudé un poco, pero al final lo hice. He puesto el Nissan a ciento ochenta kilómetros por hora. No creas que quería ir a verte —al menos de momento—, simplemente me apetecía hacerlo, y, ya sabes…

En mi defensa. diré que el todo terreno marca una cosa, pero en realidad va mucho más despacio. Al ir a cien por hora, el mapa del móvil me marca casi ochenta. ¿A cuánto habré ido realmente? También he hecho zig zags. ¡Ha sido muy divertido!

Y no te lleves las manos a la cabeza. Bien sabes que me hubieras incitado a hacerlo. También has hecho locuras con el viejo cuatro por cuatro, como meter diez críos en el maletero. Hoy sería impensable. También recuerdo cuando la policía nos pilló con Erik sin el cinturón de seguridad y la desbrozadora atravesando todo el coche, con las cuchillas entre tu asiento de piloto y el mío. No es la única barrabasada cometida por ti. Adelantaste a la policía con toda tu cara, superando la velocidad establecida en la zona de hospitales. Les debió hacer gracia ver un coche como el tuyo con ese descaro, ya que decidieron adelantarte de nuevo, y eso se convirtió en una carrera bastante inverosímil con las fuerzas de la ley. También tuviste la original idea de meterte campo a través, superando zanjas demasiado peligrosas. Cruzaste plazas peatonales esquivando los bolardos, patinaste con las ruedas por el hielo, y evitaste tantos accidentes que nadie dudaría de que tenías ángel.

Si hay algún policía leyendo esto… ¿Es verdad lo que he escrito? ¿Es ficción? En respuesta, sonreiría, diciendo el viejo dicho: cuando el gato no está, los ratones bailan.

Jefa, nunca llegaré a pisar el acelerador como tú. Solo espero estar al volante de la vieja cafetera todo el tiempo posible, cuidándola como tú lo hacías, con todo el cariño y respeto. ¡Aún no es metal de desguace!

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