Bastardos, capítulo 7.

—¿En qué estás pensando?

Levanté la vista del bocadillo sin tocar. Jaime me miraba directamente:

—No… En nada.

—¿Sabes que quieren poner cámaras?

Fruncí el ceño:

—¿Cámaras? ¿Eso no es tirarse piedras en su tejado?

Jaime dejó caer sus hombros:

—Sospechan de nosotros. Creo que creen que nos llevamos perros. ¿Te lo puedes creer? ¿Qué haríamos con esos perros así? Seguro que no saben vivir de otra manera. Les apabullaría lo que hay fuera.

Jugueteé con el bocadillo. Estaba habiendo muchos cambios allí. Teníamos la lupa sobre nosotros.

—¿Cuándo piensan ponerlas? —le pregunté.

Se encogió de hombros y tragó:

—Cuestan dinero. Es solo una idea que tienen. Por cierto… Me han dicho que hay algo importante que decirte.

—¿Lo qué?

No confiaba que fueran buenas noticias. Es más… Ya estaba preparado para una puñalada más y en un sitio tan certero que me quedaría sin respiración.

—No vamos a reponer progenitores.

Ladeé la cabeza, pensativo:

—Eso tiene sentido. Más con la nueva política de negocio que están implantando.

Jaime asintió despacio mientras masticaba el último pedazo de su comida:

—Sí… Uno de nosotros sobrará.

—¿Qué? —me alteré solo de pensarlo.

—No necesitarán dos trabajadores.

—Pero…

Era una nave de tres mil metros cuadrados con un montón de perros a nuestro cargo, y para todo eso estábamos Jaime y yo. Dos personas. Una que curaba perros todos los días y otra que limpiaba y reparaba desperfectos. ¿Uno de los dos sobraba? ¿En qué cabeza cabía eso?

Levantó una mano:

—Tranquilo, Enrique, soy yo el que necesita irse de aquí.

—Jaime…

Sonrió tembloroso:

—Hago como que no me importa pero no puedo seguir aquí. Y menos sabiendo cómo se van a poner las cosas a partir de ahora. Esta semana he incinerado más perros que en un mes normal. Algunos incluso estaban vivos…

Parecía ser que Jaime no era tan entero como yo pensaba.

Era difícil serlo sin sentirte un monstruo.

Se levantó, cogió una bolsa de basura grande y se limpió los ojos llorosos:

—Es el peor trabajo que he tenido nunca… Lo único bueno que saco de aquí es a ti. Espero…, que estés bien.

Estar bien… ¿Estar bien? Es imposible estar bien cuando tu trabajo es destrozar el alma de los pequeños bastardos que su único pecado fue que los convirtieron en un producto.

Su único fallo ni siquiera era de ellos.

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