PARA QUÉ TITULAR ERRORES, CAPÍTULO 31.

31 Las horas en blanco

Pasaron meses.

Bastantes después de aquel incidente.

Desperté en un hospital rodeada de mi familia y muchas pajaritas de papel. El jefe había aprendido a hacerlas y traía una cada día. Parecía ser que era mucho más importante para él de lo que yo hubiera podido imaginar en la vida.

Con cada pajarita también me traía noticias. Todos estaban bien. Noa consiguió agarrarse a la repisa de la ventana y esperó allí hasta que se dieron cuenta de que faltaba. No le iban las heroicidades de alturas. Felipe al verme caer se las piró, la vida era demasiado corta y no había probado todas las cervezas que le había preparado el destino. Ángela se quedó limpiando la sangre a mi alrededor, muy mona ella a su estilo. Al menos tuvo la decencia de llamar a una ambulancia…Y parecía ser que él y Adela habían reducido a Román. Cómo no me lo quiso decir, simplemente había dejado de “trabajar”.

¿Y la organización? Bueno… Sí que había cambiado su popularidad… Pero no precisamente a mejor.

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